El “Gran Hermano Candy”

Es probable que la mayoría de personas dueñas de un celular o que existan en Facebook, tengan o hayan tenido Candy Crush Saga en algún momento. Sea como compañía en momentos íntimos en el baño o para hacer pasar el tiempo durante largas esperas en sus respectivos transportes públicos. No teman admitirlo, incluso los gamers más “Hard-Core” han experimentado un par de horas de “dulce diversión”. Esto realmente no es culpa de nosotros, los consumidores, todos hemos sido en realidad víctimas de un plan maestro con una maquinaria infalible de control mental y propaganda.

Piensenlo…. Todo el sistema de atracción y funcionalidad de este “inocente” juego podría ser salido de las mentes maestras del Ministerio de la Verdad que idealizó el señor Orwell. Imágenes coloridas, llenas de ternura e inocencia son una presentación perfecta para atraer sin temor alguno. Nuestros niños internos reaccionan de manera positiva a estas estimulaciones, sin mencionar que los infantes como tal se vuelven un objetivo más que ideal, logrando adoctrinarlos desde pequeños. Está más que claro que la máquina funciona perfectamente, siendo uno de los juegos más jugados en el planeta tierra. Ahora… la pregunta importante es: ¿A qué futuro está buscando llevarnos el Gran Hermano Candy?

Uno de los puntos principales de la distopía Candy Crush es explorar y dirigir a su población a un ciclo constante de consumo. El juego como tal es infinito, nuevos niveles con diferentes retos aparecen constantemente impulsando a los usuarios a consumir más y más horas de entretenimiento. La estética basada en alimentos (aunque sean infantiles) es una clara manipulación visual, este tipo de comida suele consumirse de manera masiva uno tras de otro de forma casi hipnótica. La Doctrina Crush requiere seguidores que inevitablemente quieran consumir de manera rápida y fácil, volviendolos sedentarios e impacientes.

El siguiente punto de enfoque en la sociedad Candy es una adquisición constante, casi inmediata, de pequeños triunfos. Los niveles son generalmente fáciles, llenos de colores, luces y partículas que estimulan nuestros sentidos cada vez que logramos algo durante la experiencia. El juego nos consciente amorosamente, nos mima como a niño impulsandonos a acercarnos cada vez más al estado de los humanos rechonchos de Wall-E.¿Que mejor utopía que una llena de adultos bebés guiados por pequeños placeres? Sin embargo, de manera muy diestra, el Gran Hermano Candy entiende que no solo nos necesita como entes individuales que siguen sus doctrinas. No, el sabe que tenemos que mantenernos como una masa conjunta, la cual, aunque esté conectada, su punto de unión es una misma obsesión a estos pequeños placeres. Para esto, el juego nos permite comunicarnos, hacerle trampa a las dificultades y resolverlas de manera conjunta a través de redes sociales, generando favores entre la misma comunidad. Algunos buscan ir más allá, engañando los retos de niveles más complejos, buscando la ayuda de otros fuera de la comunidad ya existente. El hecho de que sus ya adeptos busquen el apoyo de otros hace que nuevas personas se vean atraídas a la máquina, pero la presencia de las redes sociales no solo implica eso….

Cada vez que alguno pide ayuda para una nueva vida o comparte su High score en Facebook, no solo está alabando el nombre de Candy Crush Saga. No! Está también apareciendo en las bases de datos de Gran Hermano Candy, nos volvemos números registrables, ordenable y observables dentro de esta organización…. Mr Toffe es un avatar sonriente y colorido de quien en realidad puede ser una oscura junta de personajes siniestros, los cuales se ocultan en alguna oficina observando cada detalle de su futura distopía…. ¿Entretenimiento sencillo y rápido de consumir o plan maestro impulsando un futuro mundial corporativo muy cercano? Piénsenlo….#MadTheorist

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